Causa Beata Inés de Benigánim
Causa Beata Inés de Benigánim

  #HASHTAG. Cap. 1

-Venga mamá no metas nada más que no cabe. Eres un poco exagerada… está bien que lo sepas. Dijo “Le”, mientras entre carcajadas, sacaba de la maleta por una parte lo que la otra metía.

 

Leticia tenía 17 años y estaba a punto de realizar el viaje de su vida. No iba a New York, ni siquiera a Ibiza. Recorrería solo 300 km por carretera hasta Valencia. La playa no era nada nuevo ¿Quizás las ganas de una experiencia en grupo? Todos los chicos del instituto iban de viaje de curso. Parecía un viaje de sueños. De entre todos, Dani era su mejor amigo, su confidente. Se conocían de siempre, habían estado juntos en guardería y más de una vez, sin mediar palabra se decían lo que se querían con solo mirarse. Todo apuntaba a que terminarían enamorados.

 

Estaba clarísimo, Dani significaba más que un simple amigo. El tartamudeo y el sonroso de la cara la delataban. Leticia era especial. Había tenido una infancia difícil sin sus verdaderos padres. Ana era su tía. En realidad, esposa de un fallecido tío lejano, que llegado el momento y pese a encontrarse en paro, recogió a Le, con solo tres meses. ¿Antes? Una madre periférica y un padre desaparecido. Esa fue su única familia durante sus tres primeros meses de vida. Es común ver familias rotas, ver como se esparcen sus trozos mientras los niños recogen el resultado de la siembra. Pero el amor lo cura todo y Ana con ser una mujer rural y poco cariñosa, había crecido en una familia unida y fuerte. Eso hizo que supliera con especial prudencia cada carencia afectiva en Leticia.

 

A Le, nunca se le ocultó nada, había superado los traumas infantiles a su tiempo y sabía que era hija adoptiva. Su única reacción el día que lo supo fue decir: - ¡Ahí va! Pues ahora eres más mi madre porque nunca te has separado de mí. Imaginaros la escena, en un parque abrazadas y llorando Ana a moco tendido. Leti no había nacido en un hogar cristiano, no iba a misa y casi no rezaba. Pero tenía presente a Dios y a su forma: creía. Sobre todo, en exámenes, cuando se le echaba el tiempo encima y devoraba los resúmenes como pipas. Ahora vivía un periodo crítico: decidía su futuro profesional y la universidad era el siguiente paso. Tenía pensado hacer teatro, eso de representar escenas y ponerle alma le entretenía y molaba. Para estas fechas, ya había localizado tres escuelas de arte dramático en la capital y le sobraban fuerzas para dejar la pequeña ciudad y buscar lejos la realización de sus sueños.

 

De Ana hablaremos más tarde. Por ahora, basta con saber que siempre la secundaba en cualquier emprendimiento. Sabía que a las aves hay que dejarlas volar libres y para ello durante más de 16 años había ahorrado un poquito cada mes. La universidad es cara. Muchos se quejan porque la juventud no estudia, lo cierto es que hay una porción de esa juventud que, aunque quiera, nunca podrá pagar sus estudios y no por falta de interés. Como buena administradora, Ana tenía cubierto los primeros tres años de universidad de su hija, luego Le, tendría que buscar un trabajo en Madrid que pudiera compaginar con los estudios y le solucionase los últimos dos años de carrera.

 

Pero no corramos, recién se ha graduado de bachiller, estamos en la playa y hace un día espléndido. Ya en el hotel, cada quien pilló su habitación juntándose por afinidad. Le, se quedó con la del lado de la ventana, Sofía su mejor amiga la siguiente. La última y acoplada en la habitación era Vanessa. La primera reacción de ambas al verla entrar con su mochila de lunares amarillos fue de desgana. Vanessa no era lo que podríamos llamar una chica popular en el instituto. Para el resto de clase era simplemente rara. ¿Por qué? Ya habrá tiempo, no vamos a correr.

 

-Chicas dejad las cosas que en diez minutos tenemos que estar listas para bajar a la playa. Dijo Vanessa, mientras se agenciaba su inseparable mochila flamenca. El plan era comer una paellita antes de probar el agua. Terminada la faena Sofía y Le, bajaron a esperar al resto en el paseo marítimo. Así son los hiperactivos.

 

-Mira eso Sofía, ¿Son musulmanas?

 

-Paleta, que son dos monjas ¿No ves la cruz? Aunque por el ropaje parecen las hermanas de Batman. ¡Que calor madre!

 

- ¿Y yo que sé? Si las de mi colegio no llevaban esa ropa tan negra. ¿Le preguntamos o qué? Dijo Leticia y saltó del muro donde descansaba avanzando hacia las dos religiosas.

 

- Hola hermanas… ¿A que sois monjas? ¿De dónde? Se adelantó Sofía dirigiéndose como un lince a las religiosas que estaban a algo menos de diez metros. (continuará).

 

ORACIÓN BEATA INÉS

¡OH Dios mío!, que adornaste a la Beata Josefa María de Santa Inés de Benigànim, con abundantes gracias, elevándola a la más encumbrada santidad, otorgando por su intercesión señalados favores del cielo, concededme ahora, por mediación de vuestra enamorada Sierva, la gracia que deseo alcanzar (aquí se expresa la gracia que se desea obtener) a fin de que sea pronto glorificada y coronada con la diadema de los santos, para gloria de Dios y esplendor de nuestra fe. Amén.

   CONTACTO

c/ Leonor Ortíz, 4

Benigánim (Valencia) ESPAÑA

Teléfono: 962 92 02 94

info@beatainesbeniganim.com

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