Causa Beata Inés de Benigánim
Causa Beata Inés de Benigánim

  Beata Josefa María de la Purificación. mártir  +1936 

El  11 de  marzo  de  2001  el  papa  Juan  Pablo  II  reconoció  solemnemente  como mártires  de  Cristo  a  233  cristianos  asesinados  durante  la  guerra  civil  que  desgarró  la sociedad  española  desde  julio  de  1936  a  abril  de  1939.  El grupo más  consistente provenía de la diócesis de Valencia y era bastante  heterogéneo. Había en él sacerdotes, monjas contemplativas, religiosos de vida activa y un buen número de seglares. Entre las  monjas  contemplativas  descollaba  la  madre  Josefa  Masiá  de  la  Puritficación, agustina descalza del convento de Benigánim.

 

En la soledad del monasterio: sor Josefa nació en Algemesí (Valencia) el 10 de junio de 1887 en el seno de una familia  de  agricultores  profundamente  cristianos.  De  su  padre,  Vicente,  no  quedan noticias  especiales.  Murió  el  31  de  julio  de  1916.  La  madre,  Teresa  Ferragut,  tuvo siempre fama de cristiana fervorosa. Durante años fue presidenta de la Conferencia de San  Vicente  de  Paúl  del  pueblo.  Los  testigos  hablan del  fervor  y  recogimiento  que reinaba  en  su  casa.  Era  voz  común  que  “en  su  familia  eran  todas  unas  santas”.  La abundante floración vocacional con que Dios la bendijo confirma esa opinión. Su único hijo profesó como capuchino con el nombre de Serafín de Algemesí y cinco de las seis hijas  ingresaron  en  conventos  de  clausura.  María  Vicenta,  María  Verónica  y  María Felicidad lo hicieron en el convento capuchino de Agullent (Valencia); otra, de nombre desconocido,  en  San  Julián  de  Valencia;  y  nuestra  María  Josefa  en  las  agustinas descalzas de Benigánim. Sólo Purificación quedó en siglo. Las tres primeras y su misma madre acompañarían a María Josefa en la prisión y el martirio. La cuarta murió antes de la guerra de 1936.

 

María Josefa hizo sus estudios primarios en el colegio Santa Ana de su pueblo. De joven llevó una vida retirada como todas sus hermanas, y muy pronto se sintió llamada a la vida religiosa. Visitaba la iglesia a diario, comulgaba con frecuencia y se encargaba de  adornar  el  altar  del  Sagrado  Corazón.  El  2  de  febrero  de  1905  vestía  el  hábito agustino descalzo en Benigánim (Valencia) y al año siguiente pronunciaba sus votos. En el  convento  descolló  por  su  amor  a  la  vida  religiosa.  Sus  compañeras  destacan  su laboriosidad, silencio y espíritu de pobreza. Por sus poemas vemos que concebía la vida  religiosa  como  un  encuentro  personal  con  Cristo,  cuyo  amor  hace  dulces  todos los sacrificios.  Por  amor  al  esposo  busca  la  soledad,  la  humillación,  el  trabajo  callado y escondido,  y  llega  a  ofrecerse  como  víctima  por  sus pecados  y  por  los  toda  la humanidad.  “Por  tu  amor,  Jesús  querido/,  yo  quiera  enloquecer,/  por  tonta  y despreciada/ del mundo desaparecer […] Que viva desconocida/ oculta en el trabajar/ en callar  y  obedecer/  y  cumplir  tu  voluntad”.  Vivió  contenta su consagración y dedicaba largas horas a la oración, destacando por su tiernoamor al Sagrado Corazón.

 

Fue  priora  de  la  comunidad  durante  un  trienio  (1932-35)  y  al  estallar  la  guerra desempeñaba el oficio de maestra de novicias. En 1931, a pesar de amenazas y peligros evidentes, no quiso abandonar el convento y permaneció en él con otras seis religiosas. En julio de 1936 también quiso permanecer en su amado convento. Pero al no encontrar quien  secundara  sus  deseos,  hubo  de  abandonarlo,  buscando  refugio  en  casa  de  su madre. En ella se hallaban ya recogidas sus hermanas capuchinas. Todas juntas hicieron durante unos meses vida auténticamente monástica, guardando la clausura, rezando el oficio divino  y  respetando  las  horas  de  silencio  y  recogimiento.  Su hermana Purificación, que la visitaba  a  diario,  testificó  que  en  estos  meses  acentuó  su  antigua espiritualidad victimal. “En aquella visita me decía que pasaba las noches en oración, pidiendo a Dios por la Iglesia y por España”.

 

Cual nuevos macabeos :el 19 de octubre de ese mismo año, hacia las cuatro de la tarde, un grupo de cuatro milicianos  se  presentó  en  la  casa  para  llevarse  a  las  religiosas.  Su madre no quiso separarse de sus hijas, y todas juntas fueron encerradas en el convento cisterciense de Fons Salutis, convertido en cárcel. Allí pasaron una semana esperando la muerte. Los carceleros  intentaron  apartarlas  de  su  profesión  con  halagos  y  promesas,  pero ellas rechazaron indignadas sus propuestas. A las 10 de la noche del día 25, fiesta de Cristo Rey, las cargaron en un camión y a la entrada de Alcira, en el término conocido con el nombre de “Cruz Cubierta”, las fusilaron una tras otra. Los milicianos habían pensado comenzar con la madre, pero la intrépida heroína les rogó que comenzaran con sus hijas y luego podrían seguir con ella. “Quiero saber qué hacéis con mis hijas. Si las vais a fusilar, matadlas primero a ellas y después a mí. Así moriré tranquila”. Y después, a ejemplo de la madre de los Macabeos, volviéndose hacia sus hijas las alentó a no traicionar en el momento de la prueba el amor del esposo. “Hijas mías, sed fieles a vuestro esposo y no consintáis en los halagos de los hombres”. Momentos  después  veía  cómo  los  cuerpos  de  sus  hijas rodaban  uno  tras  otro  por  el suelo, víctimas del plomo asesino.

 

Los milicianos llevaron los cuerpos de las cinco mártires al cementerio de Alcira, desde  donde  día  2  de  julio  de  1939  fueron  trasladados  al  de  Algemesí.  Luego  los sepultaron  en  la  cripta  del  convento  de  Fons  Salutis y,  por  último,  el  16  de  abril  de 1961, los depositaron en la iglesia parroquial de San Pío X de la misma localidad. En diciembre de 1958 el proceso sobre su martirio confluyó, a ruegos del postulador de los agustinos recoletos, en el del capuchino Aurelio de Vinalesa y compañeros mártires, y el 13 de abril del año siguiente el arzobispo de Valencia dio por concluida su primera fase.

 

Espiritualidad esponsal: la  madre  Josefa  cultivó  esporádicamente  la  poesía.  Al Archivo General de la orden agustinos recoletos han llegado tres poemitas de 47 cuartetas cada uno. No son un modelo de perfección  formal.  A veces hasta  la  rima  vacila.  En  cambio,  rebosan simplicidad, tensión y profundidad religiosa. En los dos primeros es ella la que habla a Cristo. Le busca desde la soledad, le cubre de requiebros amorosos y aspira a fundirse con él en un abrazo que se prolongue por toda la eternidad. Por amor al esposo divino se declara dispuesta a  la  inmolación  total  de  su  ser.  No le espanta ni la  soledad,  ni  el desprecio de los hombres, ni la enfermedad ni la desolación. “Herida con el dardo de su amor”, sólo desea que “me reconozcas por  tuya  al  salir  de  esta  prisión”.  El tercero intitulado el Corazón de Jesús se dirige a la madre superiora para consolarla” lo compuso durante el trienio de su priorato. Su protagonista es Cristo, deseoso de que su esposa, “distraída” en las mil tareas de su oficio, encuentre momentos de “silencio” para abrirle su corazón y brindarle consejo y protección. Se queja de que no confíe sólo en él y que recurra a consuelos humanos: “Te veo preocupada, derramada en lo exterior, buscando en las criaturas el amparo y su favor. Con esto manifiestas que me tienes poco amor/ y pierdes la confianza/ que ha de haber entre los dos”.

A. MARTÍNEZ  CUESTA

ORACIÓN BEATA INÉS

¡OH Dios mío!, que adornaste a la Beata Josefa María de Santa Inés de Benigànim, con abundantes gracias, elevándola a la más encumbrada santidad, otorgando por su intercesión señalados favores del cielo, concededme ahora, por mediación de vuestra enamorada Sierva, la gracia que deseo alcanzar (aquí se expresa la gracia que se desea obtener) a fin de que sea pronto glorificada y coronada con la diadema de los santos, para gloria de Dios y esplendor de nuestra fe. Amén.

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c/ Leonor Ortíz, 4

Benigánim (Valencia) ESPAÑA

Teléfono: 962 92 02 94

info@beatainesbeniganim.com

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