Causa Beata Inés de Benigánim
Causa Beata Inés de Benigánim

 ÉL ME SEDUJO, YO ME ENTREGUÉ

  SEÑOR: TUYA Y PARA TÍ.

¿Quién fui y quien soy Señor? La misma de ayer, hoy enamorada. He cambiado la moto que tanto me ilusionó en mi dieciocho cumpleaños por un sitio en el coro para cantar de ti y para ti. Nunca he sido tan feliz que, con los miles de horizontes, lejanos y cercanos que hoy veo. Esas ansías de grandes cosas están cubiertas. Siento que mi cuerpo vive aquí escondido y mi alma vuela lejos. Más que nunca.

 

Al entrar al convento, todos se sorprenden, caras de “¡Pobrecica, y para siempre”. Mi vida dio un giro sí: el giro que pensaste para mí desde antes de nacer. Y aquí estoy, pendiente de ti y de tus cosas. Tus cosas, son ya mías. Mi vida es saberme en cualquier rincón en tu presencia, dejándome habitar por ti. Es la pretensión de mi vida, eres mi sol: cada mañana. Deje todo por ti mi TODO..

La agustina descalza tiene como principal ocupación la oración, que traducido es estar en comunión con Dios, hagas lo que hagas. Así que durante el trabajo, nuestra vida es oración. La vida entera, si se ofrece a Él, es una plegaria. Otro pilar de nuestra vida es el trabajo, y procuramos "trabajar siempre, para que coman las demás", no dándole un fin egoísta y utilitario, sino comunitario.

 

El trabajo también equilibra psicológicamente y nos impide el sedentarismo. Casi nunca estamos sin hacer nada y el tiempo, lejos de lo que cree la mayoría, no sobra como para aburrirse. Vivir alegremente en el trabajo lo mismo que en la oración, dormir plácidamente descansando en Dios son signos de buena vocación. Cosas me reafirman: soy felíz.

Nuestro mejor modelo humano es María. A ella nos confiamos en el empeño de amar a Jesús como se merece. Como ella queremos ser ofrenda.  Una ofrenda que no escoge el sitio: da igual si está a los pies de la Cruz o en Getsemaní. Eso es una ofrenda permanente y a eso estamos llamadas: a permanecer unidas como María, que ora y guarda las cosas en su corazón.

 

En las manos de María moldeamos nuestro temperamento, a fin de canalizar nuestras fuerzas e intenciones en solo una ocupación. La que tuvo Ella: amar a su Hijo hasta el final y luego a la Iglesia. Con María arropamos a todos los hombres y mujeres del mundo, sus necesidades. Todo cabe en nuestra oración.

Profesamos los mismos consejos evangélicos que abrazó Jesús, cuando vivió entre nosotros. Vivimos en Dios castas, obedientes y pobres. Durante el tiempo de nuestro peregrinar por este mundo, anticipamos lo que será la vida en el cielo: vivir en presencia de Dios, muy amante y muy amado.

 

Especialmente la Eucaristía, atrae fuertemente nuestro sentir como Orden, san Juan de Ribera nos fundó para que fuesemos almas adoradoras en cuerpo y alma de Jesús Hostia. En nuestra comunidad, las hermanas hacemos turnos durante el día para acompañar a Jesús en la soledad del Sagrario.

Pero el camino de fe, no lo hacemos solas. Caminamos en comunidad. Formamos entre todas una familia que vive unida por lazos fuertes en el corazón de Cristo. Así que compartir se vuelve alegría. Para cultivar nuestra amistad como  hermanas dedicamos dos horas diarias.

 

En el recreo hablamos, nos contamos las noticias, hacemos reír a las hermanas. Todas y de cualquier parte estamos unidas en el ideal más alto, la aspiración más sublime, ser como decía el Apostol Pablo. "Alabanzas de su Gloria".

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© Causa de Canonización Beata Inés de Benigánim.